Consigna 1º Integrador

Para este número de "Relatos del siglo XX" le pedimos elabore un artículo de 6.000 caracteres con al menos tres links internos al blog de la materia y tres links externos a páginas que usted sugiera en el cual construya un relato de algún personaje (obrero/a, estudiante, empresario, político) en un hecho histórico de la primera mitad del siglo XX.
Se evaluará la originalidad del relato en su capacidad de situarlo en su contexto histórico y las relaciones que establezca de los hechos con su vida. Deberá sumar alguna imagen y destacar un párrafo síntesis que destaque el contenido del mismo. No podrá tomar un tema que haya elaborado en su trabajo práctico.
El plazo de presentación es el miércoles 29 de junio a las 12 hs. El mismo se posteara con el mail clave que oportunamente le fue dado.
A su vez, se le pedirá que evalúe un artículo en forma anónima con seudónimo, señalando fortalezas, debilidades y sugerencias de cambios al artículo. Este comentario deberá ser realizado antes del viernes 1 de julio.
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domingo, 20 de noviembre de 2011

El retorno de la Democracia

EL RETORNO DE LA DEMOCRACIA

E
n esta edición de la revista "Sucesos Argentinos"   vamos a hacer un repaso de lo que significo el retorno de la democracia y el gobierno de Alfonsín. Para eso vamos a traer a colación archivos viejos que nos van a ayudar a remontarnos al pasado y comprender que ocurría en esa época.

El 10 de diciembre de 1983 el doctor Raúl Alfonsín asumió la presidencia del país, poniendo fin al autodenominado Proceso de Reorganización Nacional, una dictadura de más de siete años, que tuvo como consecuencia la persecución y desaparición de 30.000 personas.
A continuación un pequeño fragmento del diario Clarín, del día de la asunción de Alfonsín:
Diario Clarín, domingo 11 diciembre de 1983.
Alfonsín es presidente constitucional de Argentina
Raúl Alfonsín asumió ayer, 10 de diciembre de 1983, como trigésimo tercer presidente constitucional, en medio de la algarabía popular que se extendió hasta horas de esta madrugada. Por la mañana pronunció su mensaje ante la Asamblea Legislativa, recibió en la Casa de Gobierno los atributos de mando, y habló brevemente a la multitud reunida en la Plaza de Mayo, desde los balcones del Cabildo. Por la tarde, saludó a las delegaciones extranjeras y a partir de las 19.30 inició sus entrevistas con los funcionarios visitantes, entre ellos George Bush, Pierre Mauroy y Hernán Siles Zuazo.
Con el 52 por ciento de los votos registrados en las elecciones del 30 de octubre y en el marco de una colorida fiesta popular –en la que además de radicales participaron militantes de otras extracciones políticas-

Vemos como la noticia repite varias veces la alegría popular que se manifestaba en las calles, luego de la dictadura militar que había obligado a mantener el silencio durante 7 años a gran parte de la población.   Para demostrar el estado de algarabía presente en la gente, queremos transmitirles un fragmento del programa de radio "A la vuelta de la esquina" de la radio comunal La Boca.
Hacer doble click sobre el texto a la izquierda para escuchar.


En el día de la asunción, Ricardo Alfonsín pronuncia un discurso muy importante que quedará en la historia, aquí retransmitimos un fragmento.

A tan solo cinco días de ocupar el poder, el nuevo presidente, firmó el decreto 187, que creó la CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas) para esclarecer los hechos violatorios a los derechos humanos del gobierno anterior, reuniendo denuncias y pruebas.
El 15 de diciembre de 1983 nació la CONADEP, presidida por el escritor Ernesto Sábato e integrada por notables personalidades de distintos ámbitos de la cultura.
El trabajo de recopilación de información duró nueve meses, donde se reunieron en el propio escenario de los hechos las pruebas suficientes, reunidas en un libro que se llamó "Nunca más" para llevar a juicio a los miembros de la Junta Militar, lo que se produjo en abril de 1985.
El 9 de diciembre de 1985 se dictó la sentencia condenando a Jorge Rafael Videla y Emilio Eduardo Massera a reclusión perpetua, a Roberto Eduardo Viola a 17 años de prisión, a Armando Lambruschini a 8 años de prisión y a Orlando Ramón Agosti a 4 años de prisión. Los acusados Omar Graffigna, Leopoldo Galtieri, Jorge Isaac Anaya y Basilio Lami Dozo no fueron condenados por no haberse podido probar los delitos que se les imputaban.
El 29 de diciembre de 1990, en el marco de una serie de indultos relacionados con la Terrorismo de Estado en Argentina en las décadas de 1970 y 1980, el presidente Carlos Menem sancionó el Decreto 2741/90 indultando a los ex miembros de las juntas militares condenados en 1985.  Quedando todos los represores en libertad.
Seguidamente, y para dar por concluido el capítulo correspondiente a los crímenes cometidos durante la dictadura, Alfonsín envía al Congreso el proyecto de ley que se conocería como de Punto Final y que fuera aprobado el 23 de diciembre de 1986. Según esta ley quedaba extinguida toda acción penal contra civiles y/o militares que no hubieran sido imputados por delitos cometidos en las operaciones antisubversivas dentro de un determinado plazo (basta el 23102/87). La Ley de Punto Final produjo el rechazo y malestar en importantes sectores de la sociedad civil, pero también en el seno de los sectores militares.



Levantamiento carapintada
El 16 de abril de 1987 el Teniente Coronel Aldo Rico y un grupo que lo acompañaba conocidos como los carapintadas, se amotinaron en la Escuela de infantería de Campo de Mayo resistiendo la citación que la Justicia fe hiciera al Mayor Ernesto Guillermo Barreiro (refugiado en el XIV Regimiento de Infantería Aerotransportada, en La Calera Córdoba, declarada también en rebelión). Los insurrectos solicitaban el cese de la campaña de agresión do los medios de comunicación contra las Fuerzas Armadas, un aumento del presupuesto para esas fuerzas la elección de un nuevo Jefe del Estado Mayor del Ejército de entre cinco postulantes que ellos propondrían y a exculpación para todos aquellos que hubieran participado en los hechos que se estaban sucediendo. Mientras tanto en todo el país, la gente se agolpó en las calles y las plazas para expresar su apoyo al gobierno constitucional y su repudio a la actitud de los carapintadas.
Luego de varios intentos para solucionar la crisis fue el mismo Alfonsín quien tuvo que hacerse presente en Campo de Mayo y lograr que Aldo Rico depusiera su actitud. Esto fue comunicado rápidamente a  gente reunida en la Plaza de Mayo.
De esta manera, terminamos con la situación social compleja en la que tuvo que gobernar Ricardo Alfonsín. Se ve una clara tensión entre la sociedad en búsqueda de justicia, y los sectores militares que imponían trabas para que no se juzgaran los delitos cometidos en la dictadura. Como resultado de este tensión se puede ver como victorioso al sector militar que consiguió que solo sus máximos líderes tuvieran una condena, la sanción de la ley de obediencia debida y punto final para que se terminen los enjuiciamientos y años más tarde la amnistía concedida por Menem. Por lo que vemos que se intento cerrar el capítulo de la historia sin justicia. Recién en  el 2003 con la derogación de la ley de obediencia debida,  y punto final y la nulidad de la amnistía, se comenzó a juzgar a los represores por los crimines de lesa humanidad, desde nuestro punto de vista un capitulo no se cierra si no tiene justicia.

Situación económica
La economía fue  lo que precipitó la caída de Alfonsín, quien recibió un país que atravesaba una profunda crisis. La inflación, que ya existía, comenzó a acrecentarse, y para luchar contra ella, se lanzó el Plan Austral, en junio de 1985, elaborado por el ministro de economía Juan V. Sourroulle, que al principio pareció tener éxito, pero fue efímero. El plan consistía en crear una nueva moneda, el austral, y efectuar un congelamiento de precios.
Al año siguiente la inflación volvió a dispararse, lo que hizo que el gobierno perdiera credibilidad. Se instrumentaron planes para luchar contra la pobreza que se presentaba como una amenaza, ya que comenzaban a proliferar los saqueos, sobre todo a supermercados. Para ello, se creó el PAN, Plan Alimentario Nacional, que consistía en el reparto de cajas de alimentos entre los más necesitados, con carácter paliativo.

En 1987, se intentó un plan de privatización de empresas públicas y una reducción de la deuda fiscal, plan que naufragó por la negativa de los empresarios y de la oposición peronista.

En 1988, la deuda externa crecía, y hubo que firmar una moratoria. En octubre de ese año, se lanzó un nuevo plan, esta vez, llamado Primavera, con intervención del estado en el mercado cambiario y un acuerdo con comerciantes e industriales para frenar el desmedido aumento de pecios.

En 1989, ya puede hablarse de hiperinflación, con precios incontrolables y salarios que trataban de adecuarse al costo de vida, generando más inflación. El Banco Mundial, se sustrajo de seguir brindando ayudada al alicaído país, la confianza de los operadores cambiarios se disipó, y esa falta de confianza generó la compra de
divisas, con el consecuente aumento de su valor.


Aquí vemos los saqueos como consecuencia de la hiperinflacion y pobreza.

La situación se desbordaba, su crítica a los sindicatos, que fue una herramienta que le valió la llegada al poder, ya que había denunciado la existencia de un pacto entre esas entidades y los militares, tuvieron como consecuencia que debiera soportar trece paros generales.
En las elecciones presidenciales de mayo de 1989, Carlos Menem llegó al poder, acompañado en la vicepresidencia por Eduardo Duhalde, con el 49 % de los sufragios. Eduardo Angeloz, del radicalismo perdió con 37 % de los votos.
El 8 de Julio de 1989, se realizó el traspaso del mando, en forma anticipada, ante la grave situación que vivía la Argentina, que ponía en peligro la continuidad democrática.

HECHOS DESTACADOS:
Un hecho trascendente que ayudo a consolidar cierto apoyo social fue la consagración de la Argentina en el mundial de México 1986, esto le trajo cierto rédito  político al mostrarse en la plaza de mayo con la selección Nacional. Como vimos la difícil situación social y económico hizo que no pudiera mantener este apoyo social que se desvaneció hacia fines de su mandato.

jueves, 30 de junio de 2011

Trabajo Práctico, Relato - Nicolás Feldman


He vivido una época difícil, en una Argentina difícil. Yo he sido alumno en la Escuela Superior de Guerra y soldado del General José Félix Uriburu, en 1908 y 1922 respectivamente.
Mi vida plenamente militar está conectada directamente con mi pasado; mi padre, un terco hombre con una idea de gobierno con mano fuerte, quien fue Teniente en la campaña del desierto bajo las órdenes de Julio A. Roca; que paradójicamente se casó con mi madre, una mujer que apoyaba a los gobiernos que trabajan por y para él pueblo y sus respectivos habitantes. Así que, de tal palo, tal astilla; desde mis 6 años de edad que mi existencia ronda y respira un aroma plenamente militar, claro está, por decisión de mi padre.
Luego de haber contado un poco de mi biografía, voy a regresar con el primer párrafo, mis andanzas militares tienen un nombre en común, el del General Uriburu. José Félix fue una figura importante para mí, en cuanto a tácticas del ejército, la utilización de las armas y conceptos conectados con la milicia, ha sido un hombre sabio para mi aprendizaje; ahora, desde que comencé a desarrollar una mentalidad adulta, con pensamientos políticos propios, nunca y digo nunca, los he compartido con Uriburu. Mi pensamiento tiene que ver con la democracia social mientras que la idea de Uriburu era plenamente antidemocrática, vivía hablando acerca de una política conservadora, autocrática y autoritaria, donde las medidas debían ser tomadas para el bien de la nación y sólo para el bien de ella. Él siempre nos quiso inculcar éstas ideas, las cuales no compartía en lo más mínimo, además, me sorprendía, ya que él tenía una fuerte participación en La Unión Cívica Radical, siendo uno de los impulsores de este partido en 1890 con el golpe de estado de dicho año, pero bueno, cada cual tiene su forma de pensar más allá del partido que componga, aunque repito, sentía repulsión por aquellos ideales.
Mi  participación en el ejército comenzó, como dije más arriba en 1922, en el primer año como presidente para el  Marcelo T. de Alvear, que aunque su etapa estuviese marcada por el avance automotor en la Argentina, la explotación petrolera y el crecimiento económico, era considerado un "oligarca revolucionario", llamado de esa manera en aquella época,  por su carácter conservador y sobre todo por sus orígenes.
Alvear tuvo, durante casi toda su etapa de gobierno, fuertes contradicciones con Hipólito Yrigoyen, quién era acusado de personalista. Alvear pertenecía al grupo de los "antipersonalistas".
El yrigoyenismo tomaba a los antipersonalistas como conservadores, mientras que los antipersonalistas decían que Yrigoyen violaba las reglas del juego político. Estas disputas siguieron, y lo que fue peor, se trasladaron al Congreso de la Nación, en donde los diputados fieles a Yrigoyen solían obstaculizar las iniciativas del Poder Ejecutivo, ya sea a través de discusiones o retirándose del reciento para evitar dar quórum. En este contexto, el presidente Alvear clausuró por decreto las sesiones extraordinarias, en vista que la actividad legislativa era casi nula.[ Y así siguió este gobierno, cometiendo buenas acciones políticas pero confrontando con el otro sector radical.
M ientras la UCR comenzaba a dividirse casi por completo, a principios de 1926, el Presidente Alvear ponía fin a la carrera militar de Uriburu, ya que éste había alcanzado la edad reglamentaria. El día de su retiro, Uriburu nos dio una extensa y agotadora charla acerca del sentimiento patriótico y el amor al ejército. Pasadas las dos horas de monólogo, José Félix se despidió de todo el pelotón, que contaba con aproximadamente 350 personas, y pidió explícitamente hablar en privado con aproximadamente 60 de nosotros. Nos dijo que habíamos sido de sus mejores soldados y nos llenó de elogios, volvió a hablar del sentimiento hacia la patria y cosas por el estilo; luego sí, se despidió formalmente y se retiró. Paradójicamente, también se terminaba mi vida militar, porque a fines de ese mismo año las propias fuerzas militares decretaron mi culminación, bajo el concepto de que había cumplido con el servicio. Así que, luego de aquel momento, mi vida dio un giro inesperado; ya no tenía padres, los cuales habían fallecido por tuberculosis y tuve que buscarme un trabajo y un hogar. Conseguí un cuarto en el barrio de la Boca, como también un trabajo de limpieza en una cantina del mismo barrio.
Durante mis primeros 2 meses el trabajo me pareció realmente insoportable, y hasta extrañaba mis andanzas militares, pero, una calurosa mañana de marzo del año 1927, un hombre ingresó al bar al cual yo trabajaba. Su nombre era Delfor del Valle, un diputado nacional y ex director del diario La Época. Del Valle era hermano de Aristóbulo del Valle, fundador de la Unión Cívica Radical, muy amigo y parte del grupo más cercano a Hipólito Yrigoyen. Delfor se convirtió rápidamente en amigo mío, ya que conversábamos a diario durante mi horario de trabajo. Fue él quien me introdujo al mundo de la militancia, pero política. Del Valle vivía hablando maravillas de Yrigoyen y pestes del por entonces Presidente Alvear. Durante todo ese año, acompañé a Delfor con la campaña política de Hipólito Yrigoyen, reclutando personas para que se unan a esta rama de la UCR y haciendo campaña junto a otras personas, al grito de Yrigoyen 1928.
Ganamos con el 62%, dijo José Cantilo, otro Yrigoyenista. El brazo más popular y de la mano de Yirigoyen volvería a gobernar la nación.
La segunda presidencia de Hipólito estuvo marcada por diversos acontecimientos, pero el más importante fue la crisis del 29, en Wall Street. El radicalismo dirigido por Yrigoyen no supo responder a las nuevas tendencias socio-político-económicas que la crisis estaba señalando, en un contexto de desintegración de todo un paradigma económico mundial. En el Congreso reinaba el caos, mil voces hablando y gritando al mismo tiempo sin la cantidad suficientes de oídos para escuchar aquellas voces. Las cosas se nos pusieron mucho más oscuras cuando se lo encontró muerto al opositor Lencinas, asesinado por un fanático Yrigoyenista.
El año 1930 se inició con otra muerte de un opositor, el del abogado Manuel Ignacio Castellano. El 2 de marzo se realizaron las elecciones parlamentarias, en las que la UCR perdió estrepitosamente en la Ciudad de Buenos Aires, frente a los 100.000 votos obtenidos por el Partido Socialista Independiente, seguidos del Partido Socialista original, con 84.000. Los radicales obtuvieron 83.000. En todo el país, la UCR retrocedió en su caudal electoral, obteniendo 655.000 votos, mientras la oposición alcanzó 695.000.
En plena crisis económica y política, y cuando aún faltaban cuatro años para las elecciones presidenciales, la debilidad de nuestro gobierno se hizo crítica. El radicalismo estaba completamente dividido y el gobierno no tenía diálogo con la oposición.
El hecho más importante y duradero del segundo gobierno de Yrigoyen fue la decisión tomada el 1 de agosto por parte de la empresa petrolera estatal YPF de intervenir en el mercado petrolero para fijar el precio y romper un acuerdo con el gobierno.
Luego de todos éstos sucesos, la fría tarde del 7 de agosto recibí una carta que me conduciría a una muerte segura. Firmada por Agustín P. Justo, la carta era más que clara, se me citaba el día 6 de septiembre en Liniers, para formar parte del movimiento revolucionario para decretar la caída del gobierno radical bajo el mando del General José Féliz Uriburu, y en caso de que me niegue, iba a ser juzgado en un consejo de guerra. Esta carta tenía motivo de los recuerdos que tenía aquel general para con mi persona, y que sería de su agrado que yo participara en su "revolución". Quedé estupefacto, no sabía qué hacer, pero no tenía ninguna opción. Era ir en contra de mi partido político o la muerte, y había tomado uan decisión. Sin comentarle de esto a nadie, me presenté el 6 en Liniers para ponerme bajo las órdenes de Uriburu. Con una gran tristeza que se apoderaba de todo mi cuerpo, avancé junto con el cuerpo de caballería hacia la Plaza de Mayo. Allí, y aproximadamente a las 6 de la tarde, reinó el descontrol. Aviones revolucionarios habían bombardeado el edificio de La Época, dejándolo en llamas, y las tropas bajo el mandato de Uriburu que habían avanzado por Villa Urquiza derrotaron a las tropas nacionales asentadas en Campo de Mayo.
10 soldados y yo escoltamos a Uriburu y  Justo a la Casa de Gobierno, donde se encontraba tanto el presidente de la Nación como el vicepresidente. Sólo Uriburu, Justo y yo nos dirigimos al despacho principal, donde efectivamente se encontraba Yrigoyen. Éste estaba sentado, tranquilo, mirando por un ventanal. El reloj marcaba las 19:48, y antes que Uriburu llegase a hablar con Hipólito, largué un grito de guerra y lo golpeé con mi fusil en el hombre derecho,  haciéndolo caer al piso. Cuando estaba a punto de disparar sentí una explosión detrás de mí, un calor agudizante en mi espalda, y caí sobre las piernas de Uriburu, que ya se recomponía. Quise tomar mi fusil y dirigirlo hacia el cuerpo de este último, pero otra explosión impactaba sobre mi pecho. Dos disparos de Agustín Justo sobre mí lograron evitar mi asesinato y la salvación de mi partido. Uriburu miró a Yirigoyen y le exigió la renuncia, poniendo fin al gobierno radical.